diciembre 14, 2017

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La Robolución y el fin del mundo | La manzana podrida


 

A partir del minuto 56 del vídeo comienza la mesa redonda sobre empleo y robotización (si bien las otras mesas también son muy interesantes para comprender bien qué nos deparará el futuro próximo).

Las alertas saltaron con el famoso informe de Oxford (Frey y Osborne, 2013) en el que se barajaban unas cifras escalofriantes: el 47% de los puestos de trabajo en EEUU, susceptibles a ser automatizados en las próximas décadas. Una robotización tan rápida llevaría a unos porcentajes de paro estructural insostenibles para cualquier país desarrollado. El CEO de la think tank REX, Jerry  Michalsky llegó a decir que “la automatización es Voldemort”, y el profesor de Harvard Justin Reich hablaba, sin ambages, del hundimiento de la clase media.

Además, constantemente nos llegan noticias en esta: Elon Musk pretende que sus fábricas de Tesla sean algo semejante a alien battleships, es decir, escenarios en los que solo hay máquinas sin ningún humano a la vista; ADIDAS está poniendo en marcha su SpeedFactory en Ansbach (en Alemania, ya no en China. Pensemos que con las máquinas la ventaja competitiva de explotar a los trabajadores se pierde) en la que se pretende que solo trabajen 136 personas; o Foxconn (la gigante subcontrata taiwanesa que fabrica los iphone) quiere automatizar todos sus procesos productivos, habiendo anunciado la sustitución de 60.000 empleados humanos por foxbots en una de sus inmensas factorías en China. La clásica figura del operario de cadena de montaje está en inminente peligro de extinción, estando ya el proceso de mecanización total del sector industrial en fase avanzada.

Pero el problema no está ya solo en que los robots van a terminar con los trabajos de las tres d (dull , dirty y dangerous) sino con muchos otros, a priori, menos mecanizables. No solo transporte, construcción o industria, sino logística, contabilidad, administración… La empresa japonesa Fukoku Mutual Life Insurance sustituyó a 34 de sus adminsitrativos por un sistema informático basado en el IBM’s Watson Explorer con la intención de subir la productividad en un 30%, amortizando su inversión de 1,7 millones de dólares en dos años… ¡Ningún trabajo parece estar completamente a salvo!

¿Estamos ante una época de colapso económico, de caos e inestabilidad irrefrenables?

  1. Creo que los plazos de los que se hablan son exagerados. Si uno analiza el estado del arte de la robótica, de la IA y, en general, de la automatización, comprueba que no hay razones tan sólidas que justifiquen la desaparición de tantos puestos de trabajo en tan poco tiempo. Hay que tener en cuenta que que algo funcione muy bien en un laboratorio del MIT no implica, para nada, que vaya a terminar por ser una tecnología de uso común en nuestra vida cotidiana. El proceso de implementación de una tecnología, a pesar de ser rapidísimo en comparación con otras épocas, todavía lleva mucho tiempo. Solo una pequeñísima parte de lo que se sueña en Silicon Valley es lo que llega a nuestros trabajos y hogares y, en general, los expertos como, por ejemplo, el ingeniero de IA del MIT David Clark, sostienen que la automatización no será tan autónoma en las próximas décadas.
  2. Otros estudios posteriores han manejado cifras mucho más conservadoras que las del de Oxford. Por ejemplo, el realizado por el National Bureau of Economic Research (Acemoglu y Rastrepo, 2017), a pesar de manejar datos todavía muy preocupantes (que por cada robot introducido se pierden entre 3 y 5,6 trabajos), da unas previsiones económicas menos drásticas. Otros, como el hecho por el McKinsley Global Institute, hablan de que solo un 5% de los empleos actuales son enteramente automatizables.
  3. Incluso hay visiones muy optimistas. Otro estudio más, esta vez hecho por el Pew Research Institute, nos mostraba que las opiniones entre los expertos están muy divididas. De entre 1.896 investigadores en este campo, un 48% mantiene una perspectiva catastrofista, mientras que el restante 52% la tiene optimista. Un argumento que se repite es que en épocas de alta rentabilidad (Accenture dice que la IA podría duplicar las tasas de crecimiento económico anuales de los países desarrollados para el 2035, con aumentos de la productividad de hasta el 40%), el empleo no suele ni destruirse ni parar de crecer. Desde finales del siglo XIX, la productividad ha crecido de entre 15 a 20 veces por hora trabajada, a la vez que el volumen de empleo ha crecido de entre un 30 a un 50% en economías avanzadas. Parece que, desde una perspectiva histórica a largo plazo, el aumento de productividad provocado por la automatización no ha dado como resultado la pérdida de empleo, sino todo lo contrario. Desde perspectivas liberales, suele utilizarse la expresión “destrucción creativa” para referirse al ciclo continuo de eliminación de puestos de trabajo obsoletos que se sustituyen por nuevos, entendiéndose este proceso como algo enteramente deseable. Las sociedades en las que no quedan obsoletos puestos de trabajo son sociedades económicamente estancadas, por lo que cualquier política proteccionista con algún gremio específico no es, para nada, aceptable. En este sentido, que el avance de la tecnología destruya empleo es una excelente noticia.
  4. Sin embargo, otros economistas hacen hincapié en que está visión es demasiado simple y no tiene en cuenta un factor fundamental: la reducción de la jornada laboral que ha acompañado históricamente a este aumento de la productividad (a lo largo del siglo XX las salvajes jornadas laborales del diecinueve se han reducido aproximadamente a la mitad). Si la automatización no es acompaña de la reducción de jornada, dicen ellos, sí que se destruye empleo ¿Vamos a trabajar menos horas en los próximos años? Desde luego, sería una gran noticia. Marta G. Aller me recordó en la charla que algo así ya había ocurrido en la historia con las sociedades esclavistas. Es cierto, la diferencia estriba en que antes solo una pequeña élite de amos podía vivir sin trabajar mientras que ahora estamos hablado de toda la clase media. En cualquier caso (y salvando la enorme distancia histórica), el ejemplo de sociedades como la Atenas de Pericles, sirve como argumento a favor de que vivir sin trabajar no tiene por qué llevarnos a un mundo de holgazanes y maleantes, sino todo lo contrario: las obras de Sófocles, Platón, Fidias, Mirón, Policleto, Heródoto, etc. quizá no hubieran sido posibles si sus autores hubieran tenido que trabajar para ganarse la vida ¡Una de las épocas culturalmente más gloriosas de la historia de la humanidad fruto de vivir sin trabajar!
  5. Si aceptamos una visión más bien conservadora de la automatización del trabajo, parece que sí nos acercamos a un momento de aceleración de la destrucción de empleo que no va a poder ser reciclado al mismo ritmo. Se aproxima una época de desajuste que llevará a una subida del paro muy peligrosa. Las medidas que se barajan son varias y antiguas (vienen ya desde Keynes): la ya mencionada reducción de jornada laboral (que el propio Keynes preveía de 15 horas semanales en el 2050), que los robots paguen impuestos, que el Estado sea un “empleador de última instancia” para evitar parados de larga duración, la famosa y controvertida renta básica universal (si bien puede hablarse en términos no maximales de ayudas a las rentas mínimas o de diversas formas de ayuda al desempleo), o reformas en el sistema educativo para fomentar las habilidades menos automatizables. El influyente Andrew Ng subraya la necesidad de un nuevo New Deal, destacando la medida de subvencionar en forma de nueva formación a los desplazados por la tecnología.
  6. Y a largo plazo, aunque es muy difícil aventurarse a pronosticar nada, si la automatización del trabajo prosigue tal y como auguran algunos de los acérrimos defensores del avance de la robótica y la IA, la destrucción masiva de empleo será una realidad absolutamente inasumible por cualquier “destrucción creativa”. En la mesa redonda, argumenté que los nuevos empleos que surgen de las revoluciones digitales no podrían hacer frente a esto. De modo un tanto socarrón, dije que “youtubers hay cuatro”, a lo que Rallo me respondió que podrían existir más youtubers debido a que, al aumentar el poder adquisitivo de los espectadores debido al aumento de productividad, un youtuber podrá ganarse la vida con menos público ya que éste se podrá permitir pagar más. Problema: los youtubers también podrán ser robots. De hecho, en Japón ya existen hasta youtubers virtuales o cantantes de música pop holográficos con bastante éxito. En otras revoluciones industriales, siempre nos quedaba el trabajo intelectual. El quid de la cuestión es que en ésta ya no tendremos qué hacer que las máquinas no puedan hacerlo mucho mejor que nosotros. En este escenario (insisto en que todavía muy hipotético), la renta básica universal no parece ser una opción más o menos opinable en función del espectro ideológico en el que uno se mueva, sino que será completamente necesaria.



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Soy uno de los administradores de La manzana podrida, y quiero dejar en claro que a pesar de que en esta web se hable de política yo soy un ser apolítico y es que a veces es mejor ver las cosas desde fuera, contrario a lo que muchos dicen, sigue leyendo la manzana y comprenderás mis palabras.

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