diciembre 16, 2017

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MICHEL FOUCAULT : EL NEOLIBERALISMO | La manzana podrida



Luis Roca Jusmet

  Michel Foucault desarrolla, en el Collège de France, un curso a finales de 1978 y principios de 1979 que titula “El nacimiento de la biopolítica”. Foucault hace el resumen prescriptivo del curso, pero no se conoce su desarrollo completo hasta que la editorial francesa Seuil/Gallimard no publica la transcripción de la grabación del curso el año 2004, editada por Michel Serrellart y dirigida por François Ewald y Alessandro Fontana. La traducción española, muy correcta, es de Horacio Pons y la publica la editorial Akal el año 2009.
 Este curso viene a ser la continuación del anterior, que llamó “Seguridad, territorio, población”. Como el mismo Foucault reconoce, en el curso sobre biopolítica casi solamente trata el neoliberalismo, tema que inicialmente había pensado como una introducción. Pero Foucault tiene una idea inicial y su propio proceso de investigación determina el resultado final de cada curso. La idea final es la de entrar a fondo en la biopolítica en curso siguiente, que llamó “El gobierno de los vivos”. Pero tampoco será así ya que empieza a interesarse por el cristianismo antiguo y las filosofías helenístico-romanas que le llevarán a la problemática de la transformaci´pon del sujeto por la verdad.
 El “Nacimiento de la biopolítica” presenta, de todas formas, problemáticas políticas muy interesantes. Hay, de entrada, una definición de la biopolítica , entendida como la administración de la vida de una determinada población. Implica una racionalización de la práctica gubernamental con la finalidad del control de la vida de la población : salud, higiene, nacimiento, muerte, longevidad… El liberalismo es una gubernabilidad basada en la exigencia de la mínima actuación del poder del Estado a partir de la simplificación y del refinamiento de sus procedimientos. El mejor Estado será el que interviene menos para conseguir sus objetivos.  El liberalismo sustituye la verdad por la racionalidad como criterio de gubernabilidad.
  A partir del empirismo inglés ( Locke, Hume) aparecerá un sujeto nuevo, que es el sujeto de interés.). SUjeto directamente ligado, por supuesto, a la generalización de la economía de mercado. No hay soberano en la economía, esta es una cuestión importante. Y la base de la sociedad para el liberalismo es el Mercado. Hay un sujeto del interés ( que rige el mercado y que nunca renuncia a su interés personal ) y un sujeto del derecho ( que es la base del contrato social), que implica una renuncia al interés personal por el común. Hay una tensión entre estos dos sujetos que se resuelve planteando que tanto uno como otro acaban beneficiando al sujeto. Por una parte hay que defender en el mundo económico los propios intereses y por otra, en el mundo político, renunciar al interés propio en nombre de la soberanía de todos, que nos acaba beneficiando.
 El liberalismo parte, por tanto, del axioma de que a nivel económico hay que buscar el propio interés porque esto beneficia al conjunto.Y que a nivel político hay que buscar el interés común porque esto beneficia el propio interés. Políticamente hay que  ceder parte a la propia libertad para gobernar según el contrato social. Entonces se delega la soberanía en el Estado. El único Estado moderno es propiamente el Estado liberal.
 El fascismo y el estalinismo no son una amplificación del Estado sino un síntoma de su declive. El Estado es una estructura administrativa de tipo jerárquico. En el fascismo y el estalinismo hay una relación directa entre el Líder y las masas y el partido sustituye la estructura burocrática del Estado.
 Hay un estudio del neoliberalismo a través del modelo alemán, que se desarrolla en la postguerra, y el neoliberalismo norteamericano que se empieza a elaborar en los años sesenta. El liberalismo consideraba que el Estado debía evitar intervenir en la base de la sociedad, que es el mercado, regido por su mano invisible. El neoliberalismo, por el contrario, defiende la intervención del Estado. Y cada una de estos dos modelos de neoliberalismo ( el teorizado en la alemania d ela postguerra  y el que parecerá en EEUU) lo hace en un sentido diferente. La intervención neoliberal según el modelo alemán debe garantizar el funcionamiento del Mercado, pero al mismo tiempo evitar la pobreza absoluta. Esto hace que defienda un impuesto negativo ( que es un antecedente de lo que defienden hoy los partidarios de la renta básica). También una educación y una sanidad pública entendida de manera asistencial, como garantía de evitar esta pobreza absoluta. Pero nunca entendida en términos de redistribución o de nacionalización, porque entonces serían formas de distorsionar el Mercado.
  El neoliberalismo norteamericano defiende, por el contrario, el modelo de empresa por encima del modelo de mercado. La empresa entendida como modelo óptimo de racionalidad, que debe extenderse a todos los ámbitos. No sólo a la sanidad, a la educación y a cualquier servicio público. También a las asociaciones, los partidos e incluso la familia. En último término será el propio individuo el que debe funcionar como una empresa y pensarse en término de capital y de inversiones, de recursos, de beneficios y de pérdidas.
  Horizonte muy interesante que nos abre Foucault, treinta y pico de años después del curso y de la extensión del neoliberalismo a nivel cada vez más globalizado. Lo importante es que este neoliberalismo es el que ha dominado a partir de la conversión de la derecha ( Tatcher, Reagan) y de la izquierda ( Blair, Clinton) institucionales. Es importante entender así el neoliberalismo como un estilo de razonar que se ha ido imponiendo y que hay que analizar a fondo. Si lo reducimos a su peor expresión, que es la desrregularización de los mercados financieros y del mercado, no podemos entender de donde viene su fuerza. 
 El propio Foucault, cada vez más atraido por la tendencia de Michel Rocard en el Partido Socialista Francés, parece de alguna fascinado por este neoliberalismo, aunque no dejará nunca de mantener una posición crítica con respecto a él.
  En todo caso, Michel Foucault nos da nuevamente un buena caja de herramientas para pensar en el presente.

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Soy uno de los administradores de La manzana podrida, y quiero dejar en claro que a pesar de que en esta web se hable de política yo soy un ser apolítico y es que a veces es mejor ver las cosas desde fuera, contrario a lo que muchos dicen, sigue leyendo la manzana y comprenderás mis palabras.

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