febrero 23, 2018

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Variedades de la injusticia epistémica | La manzana podrida

Se acaba de traducir el libro de Miranda Fricker, Injusticia epistémica. Es un libro necesario, al que la abundante literatura que está generando desde su publicación hace once años suele calificar como “groundbreaking” y “pathbreaking” (creador de nuevas líneas de trabajo). Ahora, acaba de salir un Handbook of Epistemic Injustice, y si alguien googlea el término, encontrará cientos de artículos dedicados a desarrollar el concepto. Es, sin duda, un libro fundacional de la epistemología política contemporánea y posiblemente lo será también de la teoría política, cuando los filósofos de la política atiendan un poco a los problemas epistémicos (John Rawls, por ejemplo, ignora o no tiene en cuenta el conocimiento en sus propuestas sobre la justicia).

La tesis de Miranda Fricker es que los grupos, clases o colectivos discriminados socialmente también sufren una suerte de discriminación que califica de epistémica. Ella se centra en dos tipos. El primero es la injusticia testimonial, el segundo la injusticia hermenéutica. La injusticia testimonial se comete contra aquellas voces a las que no se escucha o no se atiende por provenir de grupos estigmatizados con algún estereotipo. Así, en la novela de Harper Lee, Matar un ruiseñor, al acusado Tom Robinson, un hombre negro, no se le hace caso en su testimonio por parte de un jurado compuesto por varones blancos, a pesar de que, además de su palabra, todas las evidencias están a su favor. En la novela de Patricia Highsmith, El talento de Mr. Ripley, el magnate Greenleaf, quien ha escuchado solamente la voz de Ripley, el asesino de su hijo, responde así a las sospechas de la que tendría que haber sido su futura nuera, convencida de que Dickie no se suicidó, sino que fue asesinado por Ripley: “Mira, están los hechos y luego está la intuición femenina”. En ambos casos, sostiene Miranda Fricker, la voz del testigo es despreciada por su pertenencia a un grupo social. El refranero español tiene buenos ejemplos de este sesgo. Éste, por ejemplo: “En cojera de perro y llanto de mujer no has de creer”. El pueblo gitano en España sabe mucho de esta forma de injusticia.

La injusticia hermenéutica no es menos dañina. Consiste, nos dice Miranda Fricker, en la dificultad que tienen las víctimas de alguna injusticia social para comprender su propio estado debido a diferentes causas, entre ellas, por ejemplo, a la carencia de una etiqueta, categoría o concepto que les permita entender su propia experiencia. Cita como ejemplo la aparición en los años ochenta del término “acoso sexual”, que permitió comprender lo que hasta entonces habían sido múltiples y variadas experiencias en diversos grados de daño, desde la molestia simple a la depresión profunda, nacidas del poder patriarcal.

Querría insistir en la importancia teórica y práctica que tiene el problema de la injusticia epistémica, y criticar la poca conciencia que hay de él tanto en los espacios académicos como políticos, quizás porque el conocimiento ocupa un segundo escalón en las preocupaciones e intereses, o lo hace solamente como instrumento para el poder. La ignorancia o desprecio del testimonio y la injusta distribución del conocimiento, sin embargo, son cuestiones de la mayor relevancia para entender las desigualdades sociales. La capacidad de agencia y el conocimiento están profundamente entrelazados. Del mismo modo que quien está en la pobreza extrema no es libre, por más que le sean garantizados sus derechos civiles, tampoco lo es quien está en situación de discriminación u opresión epistémica.

No siempre la injusticia se comete por infravaloración de la palabra del oprimido, también se comete numerosas veces por sobrevaloración de la palabra del poderoso. El concepto de injusticia epistémica es muy fructífero e iluminador para entender numerosas experiencias para las que no teníamos nombre. Así, por ejemplo, se acaba de realizar un estudio que muestra que el sistema educativo español es uno de los que produce más segregación en toda Europa por razón de origen económico. El estudio señala también a la Comunidad Autónoma de Madrid como uno de los territorios de mayor segregación. El sistema está diseñado para que los alumnos de la clase baja sean separados y enviados a centros gueto. Lo mismo está ocurriendo con los estudiantes con necesidades especiales, pues lo primero que han hecho los gobiernos ha sido recortar en programas de integración. La segregación por razones de índole económica o funcional es en sí misma una injusticia social, pero no se ha teorizado suficientemente hasta qué punto es también y sobre todo una injusticia epistémica.

En filosofía política se distinguen dos líneas de prácticas que atentan contra la justicia en una sociedad. Una es la que atenta contra el reconocimiento y otra contra la redistribución de bienes y derechos. Las dos son dañinas y la lucha contra tales prácticas y estructuras sistémicas debe ser paralela y complementaria (un comentario marginal: muchas de las controversias políticas que últimamente circulan por la red sobre cuáles deberían ser las políticas de izquierda pierden muchas veces de vista la distinción entre estas dos formas de lucha por la justicia: el reconocimiento y la redistribución, y la necesidad de su complemento). El caso es que la mayoría de los debates sobre injusticia epistémica se han centrado mayoritariamente hasta el momento en los casos de falta de reconocimiento por razones de discriminación y estigma por identidad. Conviene también que comencemos a tratar las injusticias epistémicas que se producen en la distribución del conocimiento.

El conocimiento es generalmente un bien que se distribuye en la sociedad no como un bien público sino como un “bien de club”: es necesario estar en cierta posición social de acceso para poder acceder a su uso y beneficio. El conjunto de instituciones que producen, reproducen y distribuyen el conocimiento en una sociedad constituyen la estructura epistémica de esa sociedad. Los dos más relevantes son el sistema de producción de conocimiento científico y técnico (i+d+i) y el sistema educativo pero también muchas especializaciones de otros sistemas, como por ejemplo la inteligencia de los sistemas jurídico, de seguridad, y  de otros sistemas de políticas públicas como salud, ordenación del territorio,  medio ambiente o economía y hacienda. En todos estos sistemas hay puertas que bloquean la circulación del conocimiento en la doble dirección de no dejar que fluya,  o de producir ignorancia sistémica y estructural (le dedicaré a este tema próximas entradas). Pues bien, la injusticia epistémica en la redistribución de conocimiento ocurre cuando se impide que circule el conocimiento por razones de discriminación, como ocurre en el sistema educativo español cada vez más dual relativamente a ingresos económicos.

Respecto a la injusticia hermenéutica, es decir, la que atenta contra el derecho a comprender la propia experiencia y situación en el espacio social, hay también que establecer nuevas distinciones. Hay una injusticia hermenéutica que tiene un origen en los déficits de significado y la poca atención que se presta a ciertas experiencias, y que por ello están ayunas de comprensión teórica (como es el caso del acoso sexual al que aludía más arriba), y la injusticia producida sistémica y sistemáticamente para generar confusión, ambigüedad y miopía social. De nuevo aquí tengo que aludir a la ignorancia estratégica que genera injusticia hermenéutica. Por ejemplo, hay numerosas instituciones, fundaciones y empresas suya función esencial es la de producir ignorancia sobre la propia situación. Desde hace siglos se acusó con razón a las homilías parroquiales de ser una institución para la producción sistémica de incomprensión sobre las razones reales de la opresión, pero podríamos afirmar lo mismo de las nuevas estrategias comunicativas de los grandes grupos mediáticos, en los que la creación estratégica de polarización conduce a generar incertidumbres, falsas certezas y dificultades para explicarse el propio lugar en el mundo. También hoy día, el sistema de economistas profesionales, sea académico, empresarial o institucional, se ha constituido en un inmenso aparato de producir incomprensión mediante el uso y abuso de los modelos matemáticos y las siglas. Es algo sorprendente que sea más sencillo explicar a los legos la teoría general de la relatividad y los fundamentos de la mecánica cuántica que el funcionamiento de los mercados de futuros.

En fin, seguiremos con el hilo de discusión abierto aquí, pero la idea es partir del concepto de estructura epistémica de una sociedad para aproximarse a su grado de justicia. Por supuesto, sin olvidar que las sociedades son polifónicas, plurales y siempre cambiantes, por lo que hay que hablar también de la dinámica epistémica de una sociedad. Pero, como reza el evangélico lema de la CIA, “la verdad os hará libres”, aunque sólo si se distribuye con justicia y se reconoce con equidad.

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Soy uno de los administradores de La manzana podrida, y quiero dejar en claro que a pesar de que en esta web se hable de política yo soy un ser apolítico y es que a veces es mejor ver las cosas desde fuera, contrario a lo que muchos dicen, sigue leyendo la manzana y comprenderás mis palabras.

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